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Estrés infantil: causas, síntomas, consecuencias y tratamiento

 
Por Lorena García Vega. 8 octubre 2021
Estrés infantil: causas, síntomas, consecuencias y tratamiento

El estrés suele ser una manifestación aguda de cansancio mental que, perfectamente, también puede ir asociado al cansancio físico. Este se produce cuando las expectativas y exigencias del contexto son superiores al rendimiento de una persona.

El estrés está más relacionado con la vida adulta, sin embargo, los niños también pueden padecer estrés, ya que el nivel de exigencia que reciben del entorno, es superior a su rendimiento. En este artículo de paraBebés, profundizaremos sobre el estrés infantil, sus causas, los síntomas principales, sus consecuencias y el tratamiento que se sigue en estos casos.

Causas del estrés infantil

Hay diferentes motivos que pueden desencadenar que los niños tengan estrés. A continuación, veremos cuáles son las principales causas del estrés infantil:

  • Problemas familiares: derivados de la mala comunicación en la familia, malas relaciones, divorcio de los padres, un exceso de rigidez en educación de los padres, poco afecto y expectativas poco reales hacia el niño o la niña, sin tener en cuenta su desarrollo madurativo.
  • Niños complacientes: muchos menores son adictos a la aprobación. Su comportamiento se modula en función de la respuesta que recibe del adulto. Agradar por sistema y no decepcionar a sus figuras de referencia puede resultar estresante.
  • Exceso de actividad: hay niños que hacen jornadas completas de trabajo. Cuando terminan las clases van a actividades extraescolares y, después, toca hacer los deberes. Es fundamental que el niño o la niña descanse y tenga tiempo libre cada día. No tener tiempo para dedicarlo en lo que le apetezca puede ser una de las causas del estrés infantil.
  • Falta de confianza: el contexto en el que se desenvuelve un/a menor puede provocar que no se sienta seguro y desarrolle un autoconcepto negativo de sí mismo/a. Visualizarse como incapaz o inferior a los demás puede causarle mucho estrés. Por eso, hay que enseñarle que está capacitado para hacer muchas cosas, que todos tenemos debilidades y que no pasa nada. Hacerle creer que puede con todo cuando la realidad no es así, puede generarle mucho más estrés.

Síntomas del estrés infantil

Cada persona puede manifestar el estrés de una manera diferente. Los síntomas del estrés en niños suelen ser los siguientes:

  • Cambios bruscos de ánimo: irritándose con facilidad.
  • Dificultad para concentrarse en cualquier tarea: acompañada de una baja tolerancia hacia la frustración. Si algo no sale como piensa, puede enfadarse mucho. En este artículo, te contamos cómo trabajar la frustración en niños.
  • Bajo rendimiento académico: la dificultad de concentrarse, unido a la baja tolerancia a la frustración, repercuten de manera negativa a la hora de enfrentarse a los estudios. Es recomendable que, antes de forzar y castigar el comportamiento, haya una conversación entre adulto y niño para que pueda expresar cómo se siente.
  • Poca motivación: se muestra con pocas ganas ante tareas que, generalmente, son de su agrado.
  • Falta de interés por interaccionar con los demás: su comportamiento tiende al aislamiento y la escasa interacción en cualquier contexto.
  • Conductas regresivas: por ejemplo, mojar la cama cuando ya lo había superado, meterse el dedo en la boca o tener rabietas. Uno de los síntomas del estrés infantil son las conductas infantilizadas para su edad.
  • Presenta poca energía: tiene mucha desgana para desarrollar tareas cotidianas.
  • Concede demasiada importancia a cosas y situaciones: en realidad, son cosas que apenas son relevantes. Le cuesta gestionar emocionalmente lo que le producen dichas situaciones y no permite fácilmente el consuelo de otras personas.

Consecuencias del estrés infantil

El estrés en niños pueden repercutir seriamente en su vida. Vemos cuáles son las principales consecuencias del estrés infantil:

  • Poca tolerancia a la frustración. Te presentamos actividades para trabajar la tolerancia en primaria.
  • Bajo autocontrol emocional ante diferentes situaciones y escenarios.
  • Expresión de malestar: lo manifiestan a través del llanto y de manera frecuente.
  • Duerme y/o come peor que de costumbre: se despierta durante la noche con sueños desagradables, alterado/a, mojando la cama y en las comidas presenta poco apetito.
  • Tiene dolor de cabeza o dolor de estómago frecuentemente.
  • Sus defensas disminuyen, pudiéndole provocar infecciones y enfermedades.
  • Aparición de manías: el estrés en niños provoca gestos u obsesiones que hasta ahora el menor no había mostrado. Por ejemplo, morderse las uñas.

Tratamiento del estrés infantil

¿Cómo tratar el estrés emocional de un niño? Ante cualquier duda o consulta, siempre hay que visitar al médico, pues es la única persona con autoridad y conocimiento para realizar un diagnóstico individualizado del pequeño o pequeña y de la situación. El profesional sanitario es quien tiene que valorar la posibilidad de iniciar un tratamiento.

Si no sabes qué hacer cuando un niño está estresado, hay una serie de consejos que pueden llevarse a la práctica como tratamiento del estrés infantil:

  • Dedicar tiempo de calidad con los hijos: disfrutar de su compañía sin teléfonos ni distracciones.
  • Mostrar interés por todas aquellas cosas que forman parte de la vida del niño o la niña.
  • Educar la tolerancia a la frustración desde el respeto: procura que no viva las equivocaciones como fracasos, sino como oportunidades para seguir aprendiendo.
  • Ayudarle a expresar como se siente: acompañarlo/a en el llanto sin juzgar pero, invitándole a que pueda expresar lo que siente con palabras. El objetivo es entenderle mejor.
  • Destinar tiempo libre cada tarde: considéralo como una actividad más dentro de la jornada y, teniendo en cuenta que, tiempo libre no es sinónimo de ocio. Les diferencia en que en el primero el pequeño o la pequeña decide lo que quiere hacer sin que nadie intervenga ni dirija.
  • Hacer una lluvia de ideas: para gestionar el estrés en niños, hay que habla con él o ella y proponerle alternativas que le harían sentirse mejor para reducir el estrés.
  • Predicar con el ejemplo: el adulto debe mostrar cómo se siente, animando al niño o la niña a que vaya poniendo nombre e identificando sus emociones y sensaciones.

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Bibliografía
  • Vega, G. L. (2020). Castigar no es educar: Todas las ventajas de la Disciplina Positiva. La Esfera de los Libros.

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