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Mi bebé tiene mucha flema y se ahoga: ¿qué hago?

 
Por Sheila Peón. 27 noviembre 2019
Mi bebé tiene mucha flema y se ahoga: ¿qué hago?

Cuando llega la época de frío, siempre va acompañada de mocos. De ahí viene que a los niños se les llame “mocosos”. No podemos evitar que nuestros hijos los tengan, pero tratándose de bebés nos suele preocupar más porque aún son tan pequeños que no son capaces de sonarse la nariz, con lo cual se van acumulando si no ponemos remedio. Por lo tanto, nuestras actuaciones irán encaminadas principalmente a ayudarles a expulsar esa mucosidad.

¿Se puede ahogar mi bebé por los mocos? En este artículo de paraBebés encontrarás la respuesta, además de qué hacer si un bebé se ahoga con una flema y cómo quitar los mocos de la garganta a mi bebé.

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¿Se puede ahogar un bebé por mocos?

Evidentemente, la respuesta es sí. Al igual que puede ahogarse con la comida o con un objeto extraño que se meta en la boca.

Los adultos también nos atascamos con la mucosidad, pero nosotros somos capaces de expectorar fuerte en caso necesario y aliviar esa sensación. En cambio, los bebés aún son inmaduros para hacerlo y hasta que no sean más mayores no adquirirán esas habilidades.

Debemos tener presente que tener mocos es algo muy habitual, sin que sea necesario que estemos enfermos. Pero entonces… ¿por qué tienen mocos los bebés incluso estando sanos? Se debe a que su función no es otra que protegernos ante microorganismos nocivos. En esta mucosidad quedan “atrapados” virus y bacterias, que de esta manera no se pueden multiplicar y los podemos eliminar fácilmente. Además, se crean para que nuestras vías respiratorias se mantengan bien hidratadas.

Sin embargo, si se produce una excesiva cantidad de moco en niños pequeños (a consecuencia de un catarro, alergia, etc.) puede provocar una serie de molestias:

  • Tos abundante.
  • Dificultades para respirar.
  • Hace más difícil la lactancia y la alimentación.
  • No descansan bien por las noches.
  • Enfermedades, por ejemplo, puede derivar en otitis, bronquitis, entre otras.
  • Pueden llegar a atragantarse y dejar de respirar.

A fin de evitar esta incomodidad al bebé y tener controlados esos mocos para que no vayan a más, la recomendación de los pediatras es realizar lavados nasales a diario, o cuando este lo necesite.

Qué hacer si un bebé se ahoga con una flema

Ante cualquier signo de que el niño tenga dificultad respiratoria, debemos acudir lo más rápido posible al hospital. Algunos de estas señales de alarma son:

  • Le cuesta respirar.
  • Letargo, es decir, está especialmente adormilado.
  • Cianosis: el color de la piel es de un tono azulado.
  • Respira más rápido y superficialmente.
  • Deja de comer: se suspende la lactancia porque le cuesta mucho esfuerzo.

En el caso de que el bebé haya dejado de respirar, se llevará a cabo la RCP (reanimación cardiopulmonar). La puede realizar cualquier persona con una serie de nociones básicas que recomiendo aprender.

Qué hacer si el bebé se ahoga

Estos son los pasos que seguiremos si nuestro bebé no respira:

  1. Pedir ayuda. Gritar pidiendo ayuda si estamos solos, para que alguien nos pueda ayudar llamando a emergencias al 112.
  2. Abrir la vía aérea. El pequeño tiene que estar tumbado boca arriba. Con una mano en la frente, inclinamos la cabeza hacia atrás. Con la otra, colocamos los dedos en la barbilla y la elevamos. Esto es lo que se conoce como maniobra frente-mentón.
  3. Comprobar la respiración. A veces, al abrir la vía aérea con la maniobra anterior, conseguimos la entrada de aire. Veremos si se mueve el tórax, si oímos la entrada de aire y si sentimos el aire exhalado en nuestra mejilla. Si el bebé ya respira, le tumbaremos del lado izquierdo (posición lateral de seguridad). Si sigue sin respirar, seguiremos con la RCP.
  4. Cinco respiraciones. Seguiremos con la vía aérea abierta (recordemos, maniobra frente-mentón). Sellamos con nuestros labios la boca y nariz del bebé, e insuflamos aire durante un segundo, de forma constante y repetimos hasta llegar a hacerlo 5 veces. Comprobaremos que al insuflar, el tórax se levanta, si no lo estamos haciendo mal o la flema impide el paso del aire. Si vemos la flema, intentaremos extraerla con el meñique en forma de gancho. Si no vemos nada, no intentarlo, ya que es peligroso.
  5. Quince compresiones. Si el bebé sigue sin signos vitales, presionaremos con la punta de dos dedos sobre el tercio inferior del esternón (más o menos donde termina el hueso) 15 veces, con una frecuencia de 100-120 compresiones por minuto.
  6. Comprobar. Haremos comprobaciones cada dos minutos para ver si hay signos de vida. Si no hay cambios, repetiremos cada vez con otras 2 insuflaciones /15 compresiones, hasta que llegue el equipo médico.

Cómo quitar los mocos de la garganta a mi bebé

Para favorecer la eliminación de la mucosidad en los niños, hay varias recomendaciones:

  • Hidratación. Beber mucho líquido, como leche, agua o sopas, ayuda a disolver y expulsar los mocos.
  • Ambiente húmedo. En el mercado existen humidificadores para conseguirlo. Además, debemos evitar el ambiente donde haya humo de tabaco.
  • No clapping. Los golpecitos en el pecho para intentar “despegar” esa mucosidad, está desaconsejado. Lo que conseguimos es cerrar la vía aérea aún más.
  • No aspiradores nasales. Estos aspiradores están desaconsejados. La razón es que con su uso, la mucosidad puede llegar a la trompa de Eustaquio (oído), la obstruye y produce una otitis.
  • Tos. Gracias a ella, los pulmones se limpian. Sabemos que no se puede enseñar a un bebé a toser, pero los fisioterapeutas respiratorios pueden enseñarte a estimular ese reflejo.
  • No forzar a comer. Es normal que teniendo esa cantidad de mocos le cueste mucho esfuerzo comer. Mejor ofrecer mayor número de veces, con raciones más pequeñas para que pueda terminar antes.
  • Limpieza diaria con suero fisiológico. Es una de las mejores medidas. Se aconseja realizarlo sobre todo antes de comer, antes de dormir y cuando esté incómodo por los mocos. La forma correcta de hacerlo, es tumbar al bebé de lado y echar un chorrito de suero en la fosa nasal que quede mirando al techo. Esto favorece que el suero entre por una fosa y salga por la otra. Repetiremos la operación tumbando del otro lado para la otra fosa.

Ante cualquier duda, lo mejor es consultar con el pediatra.

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Bibliografía
  • Arjona Villanueva, D. (2019). Reanimación cardiopulmonar básica en pediatría.
  • Plaza San Frutos, M. (2015). Claves para manejar la mucosidad infantil.

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