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Parentalidad positiva: qué es, características y ejemplos

 
Por Lorena García Vega. Actualizado: 7 enero 2021
Parentalidad positiva: qué es, características y ejemplos

Vivimos en la sociedad del conocimiento. La información penetra en nosotros de forma inconsciente haciendo que queramos saber más sobre lo que ocurre, lo que nos repercute, lo que somos y lo que podemos llegar a ser.

La crianza y el ejercicio de la parentalidad, desde hace algunos años, provoca un gran interés. Los padres y madres quieren saber más acerca de cómo ofrecerles la mejor educación a sus hijos e hijas, qué hacer para lograr su correcto desarrollo y cuáles son las pedagogías y metodologías más propicias y afines a sus creencias para criar a sus pequeños y pequeñas.

En torno a este tema, surgen diferentes formas de crianza, en este artículo de paraBebés, veremos qué es la parentalidad positiva, cuáles son sus características y ejemplos reales de la misma.

¿Qué es la parentalidad positiva?

La parentalidad positiva es un comportamiento de los padres y madres hacia la crianza y desarrollo de sus hijos e hijas, basado en el interés que muestran en el crecimiento, en el cuidado, en la adquisición de hábitos y competencias y el establecimiento de un vínculo de apego seguro. Un vínculo caracterizado por fuertes lazos afectivos, la protección y el cariño. La parentalidad positiva elimina de su patrón de conducta cualquier práctica que conlleve a la humillación, la violencia y a un trato que haga sentir mal al o la menor.

La parentalidad positiva promueve relaciones afectivas y respetuosas entre todos los miembros de la familia, se desvincula del concepto de autoridad parental, donde existe mayor jerarquía y el rol de los progenitores es más controlador y estricto. Respalda un estilo de responsabilidad parental caracterizado por las relaciones democráticas en la familia, la comunicación y participación de todos los miembros, la escucha activa, el afecto, la orientación y el apoyo. En este artículo, encontrarás más información sobre Competencias parentales: definición, factores, tipos y actividades.

Características de la parentalidad positiva

Hay diferentes características de la parentalidad positiva que diferencian este comportamiento parental respecto a otros. Veámoslas:

  • Educación afectiva: la parentalidad positiva no contempla la humillación o el dolor como forma de aprendizaje y educación. Es partidaria de un modelo respetuoso, afectivo y comunicativo entre todos los miembros de la familia.
  • Estimulación y apoyo: se parte de las competencias, habilidades y fortalezas del hijo e hija para que este sea capaz de motivarse hacia las tareas que desempeña. La parentalidad positiva prefiere alentar antes que alabar, es decir, que el niño o la niña sea capaz de encontrar la fuente de estimulación, esfuerzo y superación en él mismo o misma a través de sus propios logros y no en un lugar externo a su persona. La finalidad es que el niño o niña se sienta orgulloso de sus logros y se reconozca su esfuerzo.
  • Reconocimiento y respeto: querer conocer las inquietudes, pensamientos e intereses de los hijos e hijas con el fin de conocerle más y mejor. Validar sus preocupaciones, aunque a los ojos del adulto puedan carecer de importancia, sacando a relucir la capacidad empática, comprendiendo y entendiendo sus problemas, conflictos y circunstancias, dar una respuesta a sus necesidades básicas, y escuchando, apoyando y dando consuelo siempre que lo necesiten.
  • Confianza: transmitirles confianza para que ellos y ellas se vean más capaces de enfrentarse a cualquier reto. Si se les ofrece apoyo, tendrán mayor seguridad para asumir cualquier tipo de situación que se encuentren en el camino. Tienes más información sobre este tema en el artículo la importancia de creer en uno mismo.
  • Normas y límites claros: vivenciar las normas desde el consenso y la responsabilidad de todos y no como una imposición incoherente o que no alcanzan a entender. Para que un niño o niña sea capaz de aceptar e integrar una norma, el primer requisito es que la comprenda. Si los miembros de la familia dialogan, explican e incluso negocian las normas de convivencia, será mucho más sencillo y eficaz que los menores acepten los límites.
  • Apego seguro: establecer un vínculo afectivo seguro, cálido y protector ofrece al niño o niña orden, estabilidad, seguridad, aceptación, respeto y cariño. Es importante establecer un equilibrio entre la firmeza, basada en normas y límites, y la amabilidad caracterizada por relaciones cariñosas y respetuosas.

Actividades de parentalidad positiva

Para lograr desarrollar una parentalidad positiva, existen diferentes estrategias para llevarlo a cabo de una forma efectiva. A continuación, os ofrecemos una serie de actividades de parentalidad positiva:

  • Escucha y juntas familiares: un ejemplo de parentalidad positiva es poder llegar a acuerdos y entender a las personas con las que tenemos establecido un vínculo. Escucharlas y conocer sus puntos de vista es una buena forma para que cada miembro de la familia tenga su tiempo para opinar, para ofrecer su perspectiva y, entre todos, llegar a acuerdos que favorezcan a la familia en su conjunto. Aquí puedes conocer más sobre el papel de la familia en la orientación profesional de los hijos e hijas.
  • Participación en la escuela: el ejercicio de la parentalidad positiva traspasa los muros del hogar y se introduce en la escuela. Ser una parte activa de la vida del colegio y estar informado sobre todo lo que acontece sobre el proceso educativo del niño o niña es fundamental. Si existe coordinación y colaboración entre la familia y la escuela, el crecimiento, maduración y educación del menor se desarrollará de una forma más positiva.
  • Saber pedir disculpas: reconocer los errores nos humaniza y aproxima a las personas que más nos importan. Si cometemos una equivocación, es saludable reconocerlo. Es un gesto de humildad que el niño o niña adquirirá a través del ejemplo. Enfocar el error como una oportunidad de aprendizaje y asumirlo, con el fin de ser capaces de disculparnos, es un gran valor que puede interiorizar el menor.
  • Tiempo: es una maravillosa herramienta para solucionar los problemas de una forma efectiva. Es recomendable tomarse un tiempo para respirar, relajarse y asegurarse que vamos a tratar el conflicto con el objetivo de buscar soluciones y no culpables, evitando herir a nadie con nuestras palabras.
  • Tiempo especial: es una estrategia de la parentalidad positiva que consiste en pasar tiempo especial, único y de calidad con cada miembro de la familia. Durante ese tiempo no hay otras tareas, ni teléfono, ni tan siquiera otras personas. Es un momento de compartir una actividad que a progenitor e hijo les guste y les haga disfrutar.
  • Sentido del humor: la risa rompe un momento de tensión. Saber reírnos de nosotros mismos o de una situación, sin que el elemento de risa sea ridiculizar al niño o niña, es una muy buena opción para reconectar entre el adulto e infante.
  • Responsabilidad: para el establecimiento de relaciones saludables y positivas, es necesario que cada miembro de la familia sea consciente de sus actos y asuma con responsabilidad las consecuencias de estos. Educar desde el compromiso y la aceptación de lo que hacemos y de cómo repercute en los demás es beneficioso para toda la familia. Si te interesa, aquí puedes encontrar más información sobre cómo lograr buenas relaciones con los demás.

En definitiva, la parentalidad positiva requiere darse tiempo para entrenar y no culparse cuando la respuesta que ofreces no es la que más te gustaría dar. Respira, reconecta contigo mismo y vuélvelo a intentar. Seguro que la próxima vez te sentirás más satisfecho o satisfecha con tu respuesta.

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Bibliografía
  • López, R. M. J. (2015). Manual practico de parentalidad positiva (1a ed.). Síntesis.
  • Vega, G. L. (2020). Castigar no es educar: Todas las ventajas de la Disciplina Positiva. La Esfera de los Libros.

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