Olores que no soportan las embarazadas

Olores que no soportan las embarazadas

El café recién molido, las frituras fuertes, el marisco o las carnes cocinándose... Durante el embarazo es común desarrollar una sensibilidad olfativa elevada, llamada hiperosmia. Esto hace que ciertos aromas que antes eran tolerables ahora resulten molestos o incluso provoquen náuseas. Se desarrolla por el aumento de hormonas como la gonadotropina coriónica humana (hCG), progesterona y estrógenos. Además, la irrigación nasal y la mucosa más sensible, también amplifican la percepción olfativa.

A continuación en paraBebés te contamos los 10 olores que no soportan las embarazadas, con explicación y consejos prácticos para lidiar con ellos.

Café recién hecho o molido

El aroma del café tostado puede resultar muy intenso y provocar náuseas en muchas embarazadas. Esto se debe a que la sensibilidad olfativa se incrementa durante el primer trimestre.

El café contiene cientos de compuestos volátiles creados durante el tueste, incluyendo fenoles y aldehídos de alta volatilidad y baja solubilidad. Su intenso perfil aromático, junto con la preocupación instintiva por el efecto de la cafeína, satura el bulbo olfatorio de la embarazada, generando un reflejo emético (que provoca el vómito) como mecanismo de rechazo a la saturación olfativa.

Lo ideal es preparar café descafeinado, abrir ventanas mientras se cocina, o mantener el café lejos de las zonas de descanso.

A continuación te explicamos más sobre si tienes la duda de "¿Puedo tomar café en el embarazo?".

Tabaco y alcohol

El humo del tabaco y el olor a alcohol suelen ser los primeros que molestan a las embarazadas. Este es un claro ejemplo del mecanismo protector del cuerpo, ya que el tabaco y el alcohol cuentan con compuestos orgánicos volátiles y toxinas que pueden dañar al bebé.

El cuerpo genera un rechazo inmediato y visceral (que se traduce en náuseas y vómitos) como una alerta máxima para evitar la exposición, dado el conocido riesgo de estos agentes para el desarrollo neurológico y respiratorio del feto.

La intolerancia al tabaco, incluso de segunda mano, puede ser tan fuerte que sirve como una motivación extra para que la embarazada (o su pareja) lo deje.

Pescado, mariscos y carnes

Aunque antes pudieras disfrutar de un buen plato de salmón o atún, durante el embarazo el olor a pescado (especialmente si no es fresco) se convierte en una tortura. Lo mismo ocurre con ciertas carnes rojas o de ave cuando están cocinándose o crudas.

La explicación radica en que estos alimentos liberan sustancias fuertes (toxinas) cuando empiezan a deteriorarse. Tu olfato hipersensible detecta hasta la mínima señal de descomposición (incluso antes que el de otras personas), obligándote a comer solo lo más fresco y seguro.

Perfumes y lociones fuertes

Ese eau de parfum caro o la loción de afeitar de tu pareja, antes seductores, ahora pueden sentirse como una agresión química directa. Las fragancias sintéticas y con alta concentración de alcohol resultan abrumadoras. La sensibilidad se dispara ante componentes químicos (como los aldehídos) que a menudo se utilizan en la perfumería.

Productos de limpieza

Otro de los olores que no soportan las embarazadas son los productos de limpieza. Los olores intensos como el cloro, la lejía o el amoníaco se vuelven insoportables. Más allá de la molestia, esta aversión es fundamental, pues muchos de estos químicos son peligrosos si se inhalan de forma prolongada. Es una señal clara de que debes delegar la limpieza o cambiar a productos sin aroma o con esencias naturales muy suaves.

Ajo y cebolla al sofreír

Los olores fuertes y persistentes de la cocina son un gran desencadenante de náuseas. El aroma que desprenden el ajo y la cebolla al sofreírse (especialmente cuando el aceite está caliente) satura el ambiente. Estos ingredientes tienen compuestos sulfurados volátiles que, con la hiperosmia, resultan demasiado intensos.

Frituras y comidas picantes

Las comidas muy elaboradas, grasosas o fritas, generan un olor denso que se queda impregnado en el ambiente. El rechazo a la grasa y los picantes no solo es por el olor, sino porque son más difíciles de digerir y pueden exacerbar las náuseas y la acidez estomacal, otro clásico del embarazo.

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Olores corporales o desodorantes fuertes

Aunque parezca cruel, muchas embarazadas desarrollan una aversión al olor de su propia pareja o al suyo. Esto no significa que no estén limpios, sino que el olfato detecta con una intensidad inusual las secreciones corporales, el sudor o un simple desodorante. La solución pasa por usar productos de higiene neutros o con aromas muy suaves.

Humedad, moho y lugares cerrados

Los olores relacionados con el deterioro y la descomposición, como el moho, el polvo o la humedad, suelen generar un profundo asco. Esto también se interpreta como una señal de alerta para evitar ambientes insalubres que podrían ser portadores de bacterias o alérgenos. Ventilar se convierte en tu mejor amigo.

Basura, olor fecal o podrido

Los olores que indican la presencia de bacterias o materia en descomposición son rechazados de forma universal. El olor de la basura, de los desagües o cualquier reminiscencia a olor fecal o podrido se percibe con una intensidad nauseabunda. Es un instinto primario que te protege de posibles focos de infección.

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