¿Los niños adelgazan cuando crecen? ¿Por qué mi hijo no engorda pero sí crece? Como padres, una de nuestras principales fuentes de satisfacción y tranquilidad es ver a nuestros hijos crecer sanos y fuertes. Monitoreamos su altura, celebramos cada gramo ganado y a menudo, utilizamos el peso como un termómetro de su bienestar general.
Por eso, cuando notamos que mi hijo no engorda pero sí crece, es natural que se enciendan las alarmas y surja la preocupación. ¿Estará comiendo lo suficiente? ¿Será normal que sea tan delgado? ¿Estará enfermo? En el siguiente artículo de paraBebés, te explicaremos que si te encuentras en esta situación, lo primero es respirar hondo. En la inmensa mayoría de los casos, este patrón de crecimiento es normal y no indica ningún problema grave. Sin embargo, es una observación importante que merece ser comprendida.
Constitución delgada y genética familiar
Esta es la razón más común y benigna que explica por qué mi hijo no engorda pero sí crece. La complexión corporal, al igual que el color de ojos o la altura, tiene un fuerte componente genético. Si tú, tu pareja o familiares cercanos fueron niños delgados y altos, es muy probable que tu hijo simplemente haya heredado esa constitución.
Su cuerpo está programado para utilizar la energía de los alimentos prioritariamente, para el crecimiento longitudinal (huesos) antes que para el almacenamiento de grasa. Este niño es lo que se conoce como un "delgado constitucional".
Signos clave de que es esta la causa son:
- El niño es enérgico, activo y feliz.
- Duerme bien y alcanza sus hitos del desarrollo con normalidad. Simplemente es delgado.
- Sigue su curva de crecimiento de peso (aunque sea en un percentil bajo) de forma paralela a su curva de talla.
¿Qué hacer?
En estos casos sobre por qué un niño no sube de peso si come bien, lo ideal es:
- Aceptar su tipo de cuerpo: esta es una labor primordial para los padres. Evita hacer comentarios negativos sobre su delgadez o compararlo con otros niños más "rellenitos". La presión y la ansiedad en torno a la comida son contraproducentes.
- No forzar la comida: obligar a un niño a comer más de lo que su cuerpo le pide puede crear una relación negativa con la comida y generar batallas campales a la hora de comer. Confía en sus señales de hambre y saciedad.
- Enfocarse en la salud, no en el peso: ofrece una dieta variada y equilibrada, y celebra su energía y sus logros, en lugar de centrarte en el número que marca la báscula. Por ejemplo, si dices "mi hijo no crece y tiene 12 años" tienes que enfocarte en su estado de salud general, no solo en la altura o peso.
Metabolismo rápido y alta actividad física
Algunos niños son auténticos "motores de alto rendimiento". Tienen un metabolismo basal naturalmente más rápido, lo que significa que queman más calorías en reposo. Si a esto le sumamos que son niños muy activos, que no paran de correr, saltar y jugar, el resultado es un gasto calórico diario enorme.
Toda la energía que consumen se invierte en el crecimiento y en el movimiento, dejando poco excedente para ser almacenado como grasa. Los signos de que es esta la causa son que el niño come bien (a veces cantidades sorprendentes), pero no para quieto un segundo. Tiene una energía que parece inagotable.
¿Qué hacer?
En estos casos donde tu bebé se ha estancado con el peso, desde paraBebés te recomendamos:
- Enriquecer nutricionalmente su dieta: el objetivo no es darle comida basura para que "engorde", sino aumentar la densidad calórica y nutricional de los alimentos saludables que ya come. Aquí te dejamos algunas "Recetas para niños de 4 a 5 años" que te pueden ayudar.
- Añade grasas saludables: son la fuente de energía más concentrada.
- Ofrece snacks nutritivos y calóricos: entre comidas, ofrécele opciones como yogur griego (que tiene más grasa y proteína), queso en dados, batidos de fruta con leche entera o bebida vegetal enriquecida, o un puñado de frutos secos (si ya tiene edad para masticarlos bien).
- No limitar porciones (si son alimentos saludables): si después de terminarse su plato pide más, sírvele otra porción. Deja que su apetito sea su guía.
Comedores selectivos
En este caso, el problema no es tanto la cantidad de comida, sino la calidad y variedad. Un niño puede estar consumiendo un volumen de alimentos suficiente para sentirse lleno, pero estos alimentos pueden ser de baja densidad calórica o nutricional.
¿Qué hacer?
En estos casos donde tu hijo come bien pero no engorda, te recomendamos:
- Paciencia y cero presión.
- Enriquecer lo que sí come.
- Ofrecer, pero no obligar.
- Involucrarlo en el proceso.
- Consulta profesional.
Puede que también te interese el siguiente artículo sobre "Qué hacer si mi bebé come bien y no engorda", enfocado a recién nacidos. Además, en el vídeo de nuestro canal de YouTube, paraBebés, te explicamos cómo abrir el apetito a niños que no quieren comer.
Ingesta calórica realmente insuficiente
A veces, los padres pueden sobrestimar la cantidad de comida que su hijo realmente ingiere. El niño puede pasar mucho tiempo en la mesa, jugar con la comida o distraerse fácilmente, y al final, la cantidad consumida es poca. En el caso de los lactantes, este punto es crucial. La situación "mi bebé no engorda pero sí crece" puede deberse a:
- Problemas con la lactancia materna: un agarre incorrecto, una succión ineficaz o un frenillo lingual corto pueden hacer que el bebé no esté transfiriendo suficiente leche, especialmente la leche del final, que es más rica en grasa.
- Errores en la preparación del biberón: una dilución incorrecta de la fórmula (añadir más agua de la cuenta) puede reducir drásticamente el aporte calórico. Aquí te explicamos "Qué leche de fórmula engorda más para los bebés".
¿Qué hacer?
Te recomendamos los siguientes aspectos:
- Diario de alimentación: lleva un registro honesto durante 3-4 días de todo lo que come tu hijo (y las cantidades aproximadas) para tener una visión objetiva.
- Minimizar distracciones: durante las comidas, apaga las pantallas y céntrate en el acto de comer en familia.
- Para bebés lactantes: si tienes dudas, la evaluación por parte de una asesora de lactancia certificada es fundamental. Ella podrá realizar una pesada antes y después de la toma para ver cuánta leche transfiere el bebé y evaluar la técnica de lactancia.
- Para bebés con biberón: revisa y sigue al pie de la letra las instrucciones de preparación de la lata de fórmula.
Enfermedades agudas o infecciones recurrentes
Cuando un niño se enferma, su cuerpo entra en modo de combate. Su metabolismo aumenta para luchar contra la infección, lo que significa que necesita más calorías. Sin embargo, al mismo tiempo, el malestar hace que su apetito disminuya drásticamente. Esta combinación de "más gasto y menos ingreso" casi siempre resulta en un estancamiento o incluso una pérdida de peso temporal.
¿Qué hacer?
En estos casos donde tu hijo engorda pero sí crece por infecciones o enfermedades, tendrás que:
- Tener paciencia y foco en la recuperación: es normal y esperado que no gane peso (o incluso que pierda un poco) durante una enfermedad. La prioridad es la hidratación y el confort.
- Fomentar la hidratación: ofrece líquidos constantemente.
- Alimentación post-enfermedad: una vez que recupere el apetito, ofrece alimentos nutritivos y calóricos para ayudarle a "remontar" y recuperar el peso.
- Consulta pediátrica: si las infecciones son excesivamente frecuentes, habla con tu pediatra para descartar cualquier problema de base en su sistema inmunológico.
Condiciones médicas subyacentes
Si el pediatra, al revisar las curvas de crecimiento, observa una caída significativa del percentil de peso o si el niño presenta otros síntomas, investigará posibles causas médicas, que pueden ser:
- Problemas de malabsorción: hay condiciones que impiden que el cuerpo absorba correctamente los nutrientes de los alimentos, aunque el niño coma bien. Las más conocidas son: la enfermedad celíaca y la alergia a la proteína de la leche de vaca.
- Enfermedad celíaca: una reacción autoinmune al gluten.
- Alergia a la proteína de la leche de vaca: una reacción inmunológica a las proteínas de la leche, común en lactantes.
- Reflujo gastroesofágico severo: puede causar dolor al comer, haciendo que el niño rechace el alimento.
- Problemas endocrinos: como el hipertiroidismo (muy raro en niños) o problemas con la hormona del crecimiento.
Aquí lo vital es que haya una evaluación pediátrica exhaustiva.
Si deseas leer más artículos parecidos a Mi hijo no engorda pero sí crece: causas y qué hacer, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Alimentación infantil.
- Amar, J. (2015). Desarrollo infantil y prácticas de cuidado. Colombia: Editorial Universidad del Norte.
- Salto M, Calle T, Segarra O & Tapia J. (2024). Desarrollo infantil de 0 a 5 años desde una perspectiva contemporánea y reflexiva. Revista Scientific, 9(31), 22-45.