Cuando sostenemos a un recién nacido en brazos por primera vez, nos invade una mezcla de asombro y fragilidad. Parecen seres indefensos, llegados a un mundo ruidoso y brillante, que dependen absolutamente de nosotros. Sin embargo, bajo esa apariencia delicada, se esconde una maquinaria biológica perfecta y muy resistente.
Los bebés no son simplemente "adultos en miniatura"; son seres con una anatomía, unos reflejos y unas capacidades sensoriales únicas, diseñadas específicamente para sobrevivir y adaptarse a la vida fuera del útero. En el siguiente artículo de paraBebés, te daremos 15 curiosidades de los recién nacidos.
Nacen con más huesos que un adulto
Este es uno de los datos curiosos de los recién nacidos, que más suele impactar. Mientras que un adulto promedio tiene 206 huesos en su esqueleto, un recién nacido llega al mundo con aproximadamente 300 componentes óseos.
¿Cómo es posible y a dónde van esos huesos extra? La respuesta está en la fusión. Muchos de los huesos del bebé, especialmente en el cráneo y la columna vertebral, están fragmentados o separados por cartílago al nacer. Esto es así porque esta flexibilidad es vital para el parto. A medida que el niño crece, estos huesos se fusionan y se calcifican.
Lloran, pero no tienen lágrimas
Es posible que hayas notado que, aunque tu bebé llora con fuerza y tiene pulmones potentes para reclamar comida o sueño, sus mejillas permanecen secas.
Esto se debe a que al nacer los conductos lagrimales (encargados de producir y drenar las lágrimas) aún no están completamente funcionales. Aunque sus ojos tienen la humedad basal necesaria para mantenerse sanos y lubricados, no tienen la capacidad de producir el exceso de líquido necesario para generar lágrimas visibles de emoción.
Por lo general, las primeras lágrimas reales aparecen entre las 3 semanas y los 3 meses de vida.
Su estómago es del tamaño de una cereza
En el primer día de vida, el estómago de tu bebé es diminuto, comparable al tamaño de una cereza o una canica. Solo tiene capacidad para unos 5 a 7 mililitros de leche. Por eso necesitan comer tan frecuentemente. Para el día 3, crece al tamaño de una nuez; y para el día 10, ya es similar a una pelota de ping-pong o un huevo pequeño.
No tienen rótulas (todavía)
Si tocas suavemente las rodillas de un bebé, notarás que son blanditas. Esto no es porque tengan grasa extra, sino porque técnicamente no tienen rótulas óseas. Nacen con una estructura de cartílago en lugar de hueso en la rodilla. La osificación completa de la rótula no ocurre hasta los 3 o 5 años de edad.
Esto permite que cuando el bebé comience a gatear y, más tarde, a caminar, sufrirá muchas caídas. Tener rodillas "blandas" amortigua los golpes y evita fracturas frecuentes en esta etapa de aprendizaje motor.
Solo ven en blanco y negro (y borroso)
La vista es el sentido menos desarrollado al nacer. Dentro del útero estaba oscuro, por lo que los ojos y el cerebro visual no han tenido mucho estímulo. Entonces, ¿cómo ven los bebés al nacer?
- Solo pueden enfocar objetos que están a una distancia de 20 a 30 centímetros de su cara.
- No perciben los colores ni las gamas de grises sutiles. Ven en alto contraste (blanco y negro).
Tienes más detalles sobre "¿Cómo ven los bebés recién nacidos?" en el siguiente post de paraBebés.
Reconocen a su madre por el olfato al instante
A diferencia de la vista, el olfato es un sentido muy desarrollado y primitivo. El bebé comienza a usarlo desde el primer minuto. Los estudios muestran que los recién nacidos pueden identificar el olor de su madre, y diferenciarlo del de otras mujeres apenas unas horas después de nacer.
El secreto está en el líquido amniótico, que tiene un olor similar al de la leche materna (y al calostro). Tienes más información sobre "¿Los bebés huelen a su madre?" en el siguiente post de paraBebés.
Pueden tragar y respirar al mismo tiempo
Los bebés pueden beber agua y respirar a la vez hasta aproximadamente los 6 o 7 meses de edad. Este "superpoder" anatómico se debe a la posición de la laringe, que está situada mucho más alta en el cuello de los bebés que en los adultos.
Esta disposición permite que la vía aérea y la vía digestiva trabajen casi independientemente, permitiendo al bebé lactar de manera continua sin tener que soltar el pecho o el biberón para tomar aire.
Tienen una fuerza de agarre sorprendente
Si pones tu dedo en la palma de la mano de un recién nacido, la cerrará con fuerza inmediatamente. Este es el reflejo de prensión palmar.
Aunque parece un gesto de cariño, es un acto reflejo involuntario. Lo sorprendente es la fuerza de este agarre: es tan potente que, teóricamente, un recién nacido podría sostener su propio peso suspendido en el aire durante unos segundos.
Aquí te explicamos los "Tipos de reflejos en recién nacidos y sus características".
Su corazón late a toda velocidad
Si pones la mano en el pecho de tu bebé o escuchas su corazón, puede que te asustes por la velocidad. Mientras que un adulto en reposo tiene entre 60 y 100 pulsaciones por minuto, el corazón de un recién nacido late entre 120/160 veces por minuto. ¡Es casi el doble de rápido!
¿Por qué? Su metabolismo es muy rápido y su cuerpo está en constante crecimiento acelerado, lo que requiere un bombeo de sangre muy eficiente.
Pierden el pelo con el que nacen
Una de las curiosidades de los recién nacidos, es que la mayoría pierde ese cabello prenatal durante los primeros meses de vida debido a la caída de hormonas maternas tras el parto.
El pelo se cae (a veces dejando "calvas" por el roce con la cuna) y es reemplazado por su cabello definitivo, que puede ser de un color y textura totalmente diferentes. Un bebé que nace con pelo negro, puede terminar siendo rubio platino a los seis meses.
Tienen espacios blandos
La cabeza del bebé no es un casco sólido. Tiene espacios blandos donde los huesos del cráneo aún no se han unido, llamados fontanelas.
Esto se debe a una función doble:
- Parto: permiten que las placas del cráneo se muevan y se superpongan (amoldamiento) para pasar por el canal de parto.
- Crecimiento cerebral: el cerebro del bebé crece a un ritmo vertiginoso durante el primer año. Las fontanelas permiten que el cráneo se expanda para acomodar este crecimiento.
Estornudan mucho (y no es por resfriado)
Es común ver a un recién nacido estornudar frecuentemente, lo que activa las alarmas de los padres: "¿Se habrá resfriado?". La respuesta es no, esto se debe a que los conductos nasales de los recién nacidos son diminutos y se obstruyen con facilidad con cualquier partícula de polvo, pelusa de la ropa o restos de moco y líquido amniótico.
El estornudo es simplemente la forma más efectiva que tiene el bebé, de despejar su nariz para respirar mejor.
Tienen acento al llorar
Este es uno de los datos curiosos de los bebés más sorprendentes respaldados por la ciencia. Investigadores han descubierto, que los bebés imitan la melodía y ritmo del idioma que escucharon dentro del útero mientras lloran.
Esto demuestra que el aprendizaje del lenguaje comienza mucho antes de nacer y que el llanto es su primer intento de comunicación "nativa".
Su piel es muy fina y cambia de color
La piel de un recién nacido es mucho más delgada que la de un adulto, lo que la hace muy sensible y propensa a cambios de color rápidos.
- Acrocianosis: es común ver que las manos y los pies de los recién nacidos están azulados o morados, mientras que su torso está rosado. Es normal y suele mejorar con el calor o el movimiento.
- Lanugo: muchos bebés nacen cubiertos de un vello fino y suave en los hombros y la espalda llamado lanugo, que actuaba como capa protectora en el útero y se caerá en las primeras semanas.
Tienen más papilas gustativas que nosotros
Si hablamos de curiosidades de los bebés recién nacidos y la comida, debes saber que son unos gourmets exigentes. Los bebés nacen con una cantidad mayor de papilas gustativas que los adultos. No solo las tienen en la lengua, sino que también pueden tenerlas en las amígdalas y en la parte posterior de la garganta.
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- García Pérez MA, Martínez Granero MA. Desarrollo piscomotor y signos de alarma. En: AEPap (ed.). Curso de Actualización Pediatría 2016. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2016. p. 81-93.