La Navidad es sinónimo de tradición. Es el momento del año en que recuperamos las historias que nuestros padres nos contaban, que a su vez, les contaron a ellos. Estos relatos no solo entretienen, sino que forman parte de nuestra cultura y enseñan lecciones valiosas sobre la bondad, la redención y el amor.
Si buscas cuentos infantiles de Navidad para niños o historias cortas de Navidad que sean reconocidas mundialmente o muy icónicos, en el siguiente artículo de paraBebés, hemos hecho una selección para ti. Adaptado a historias cortas de esta época para que sean accesibles y disfrutables, hemos incluido opciones perfectas para los momentos de compartir en familia.
Cuento de Navidad (el sr. Scrooge)
Esta es quizás la historia navideña más famosa del mundo, escrita por Charles Dickens. Había una vez un anciano llamado Ebenezer Scrooge. Era un hombre muy rico, pero también muy tacaño y gruñón. Odiaba la Navidad.
—¡Bah, paparruchas! —decía siempre que alguien le deseaba felices fiestas.
Una nochebuena, mientras dormía, recibió la visita de tres espíritus mágicos:
- El fantasma de las navidades pasadas: le llevó a su infancia, recordándole cómo disfrutaba antes de volverse egoísta.
- El fantasma de las navidades presentes: le mostró cómo su empleado, Bob Cratchit, cenaba feliz con su familia a pesar de ser pobre y tener un hijo enfermo, el pequeño Tim.
- El fantasma de las navidades futuras: le enseñó un futuro triste donde nadie recordaba a Scrooge con cariño.
Scrooge despertó asustado, pero también agradecido de tener una segunda oportunidad. Se levantó de un salto, compró el pavo más grande de la ciudad para la familia de Bob y salió a la calle deseando "¡Feliz Navidad!" a todo el mundo. Desde ese día, fue el hombre más generoso y amable de la ciudad.
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Los tres Reyes Magos de Oriente
Esta es una de las historias cortas de Navidad favorita de los niños.
Hace mucho en tierras lejanas de Oriente, vivían tres sabios: Melchor, Gaspar y Baltasar. Pasaban las noches mirando el cielo y estudiando las estrellas. Un día, vieron una estrella diferente a todas las demás: era grande, brillante y tenía una larga cola de luz.
—¡Es la señal! —dijo Melchor — Ha nacido el Rey de Reyes. Debemos ir a adorarlo.
Montaron en sus camellos y siguieron a la estrella a través de desiertos, montañas y ríos. En Belén encontraron al niño Jesús durmiendo en un pesebre, junto a María y José. Llenos de alegría, los Reyes Magos se arrodillaron y le ofrecieron sus tesoros: Oro, por ser Rey; Incienso, por ser Dios; y Mirra, por ser hombre.
Desde entonces, cada 5 de enero por la noche, los Tres Reyes Magos recorren el mundo en sus camellos dejando regalos en los zapatos de los niños que han sido buenos, recordando aquel viaje mágico.
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El Cascanueces y el rey de los Ratones
En nochebuena, la pequeña Clara recibió un regalo muy especial de su padrino: un cascanueces de madera con forma de soldado. Cuando el reloj marcó las doce de la noche, ¡ocurrió la magia! El árbol de navidad empezó a crecer hasta el techo y el salón se llenó de ratones dirigidos por el malvado rey de los Ratones. De repente, el cascanueces cobró vida y lideró a los soldaditos de juguete para defender a Clara.
Tras ganar la batalla, el cascanueces se transformó en un apuesto príncipe. Como agradecimiento a Clara por su ayuda, la llevó a un viaje mágico al Reino de los Dulces, donde fueron recibidos por el hada de azúcar y vieron danzas de chocolate, té y café. Fue el sueño más dulce de Clara.
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Rodolfo el reno (Rudolph)
En el Polo Norte, vivía un reno llamado Rodolfo que tenía una gran nariz roja y brillante. Los demás renos se reían de él y no le dejaban jugar, llamándolo "nariz de bombilla". Rodolfo se sentía muy solo y diferente.
Pero una Nochebuena, se levantó una tormenta de nieve terrible. El viento soplaba fuerte y la niebla era tan espesa que no se veía nada. Papá Noel estaba muy preocupado:
—Con esta niebla no podré ver las chimeneas. ¡Los niños se quedarán sin juguetes!
Entonces, vio un resplandor rojo. Era la nariz de Rodolfo.
—¡Rodolfo! —exclamó Papá Noel—. Tu nariz brilla tanto que podría iluminar el camino. ¿Quisieras guiar mi trineo esta noche?
Rodolfo se puso muy contento y aceptó.
El hombre de Jengibre
Es uno de los cuentos de Navidad para niños de 2 a 3 años más simples y divertidos. Escrito por Catherine McCafferty, dice así:
Una ancianita horneó una galleta de jengibre con forma de hombrecito. Al abrir el horno, el muñeco saltó y salió corriendo gritando:
—¡Corre, corre, todo lo que puedas! ¡No me atraparás, soy el hombre de Jengibre!
La anciana corrió tras él, seguida por el anciano, una vaca y un cerdo. Todos querían comerse esa galleta que olía tan bien. Pero el hombre de jengibre era muy rápido y se reía de ellos.
Llegó a un río y no sabía cómo cruzar. Un zorro astuto le dijo:
—Sube a mi lomo, yo te cruzaré. Cuando llegaron a la orilla, el zorro hizo un movimiento rápido con el hocico y... ¡ÑAM! Se comió al hombre de jengibre.
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El abeto (el árbol de Navidad)
Había un pequeño abeto en el bosque que siempre tenía prisa por crecer. No disfrutaba del sol ni del aire fresco; solo quería ser grande como los otros pinos para que lo llevaran a la ciudad.
—¡Oh, si fuera alto ya! —suspiraba—. Iría al mar en los barcos o adornaría una casa en Navidad.
Finalmente, creció y fue talado. Lo llevaron a una casa hermosa, lo adornaron con luces, bolas de colores y una estrella dorada. "¡Esto es vida!", pensó el abeto, sintiéndose el centro de atención en Nochebuena.
Pero al día siguiente, le quitaron los adornos y lo llevaron a un desván oscuro y polvoriento. Allí, el abeto se quedó solo y triste, recordando con nostalgia sus días en el bosque. Comprendió, demasiado tarde, que debió haber disfrutado de cada momento de su vida en lugar de desear siempre el futuro.
Los elfos y el zapatero
Otro de los cuentos de Navidad infantiles inventados es el de "Los elfos y el zapatero". Había una vez un zapatero muy bueno pero muy pobre. Era Navidad y solo le quedaba cuero para hacer un último par de zapatos. Cortó el cuero y se fue a dormir, pensando en terminarlos al día siguiente.
A la mañana siguiente, ¡sorpresa! Los zapatos estaban hechos, y eran perfectos. El zapatero y su esposa decidieron espiar una noche para ver quién les ayudaba. Vieron a dos pequeños elfos, desnudos y con frío, cosiendo rápidamente. Agradecidos, la esposa les cosió ropitas y zapatitos diminutos de regalo.
La noche de Navidad, dejaron la ropa sobre la mesa. Los elfos al verla, se vistieron felices, bailaron y cantaron.
El muñeco de nieve
Era pleno invierno y un grupo de niños hizo un magnífico muñeco de nieve. Le pusieron ojos de carbón y una boca sonriente. El muñeco estaba feliz viendo el mundo por primera vez.
Pero el muñeco de nieve tenía un deseo extraño: estaba enamorado de la estufa que veía a través de la ventana de la casa.
El perro guardián le advirtió:
—Amigo, si te acercas a ella, desaparecerás. Tú eres de hielo, ella es fuego.
El muñeco pasó los días mirando a la estufa con anhelo. Cuando llegó la primavera y el sol calentó, el muñeco se derritió. Donde había estado, solo quedó el palo que lo sostenía, que era el atizador de la estufa. Por eso sentía esa conexión; en su corazón, siempre había llevado una parte del fuego.
El gigante egoísta
Todos los días, los niños jugaban en el hermoso jardín de un gigante. Pero un día, el gigante regresó de un viaje y, al verlos, gritó:
—¡Fuera de aquí! Este jardín es mío.
Desde entonces, en el jardín del Gigante siempre fue invierno. El Gigante estaba triste y solo.
Una mañana, escuchó música. Miró por la ventana y vio que los niños habían entrado por un agujero en el muro. Donde un niño corría, la hierba se volvía verde y florecían las flores.
El Gigante derribó el muro y jugó con los niños. Comprendió que su egoísmo había traído el invierno a su alma, y que compartir traía la primavera.
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El Grinch (¡Cómo el Grinch robó la Navidad!)
El Grinch era una criatura verde y peluda que vivía en una cueva en lo alto de una montaña, al norte de Villa Quién. El Grinch tenía el corazón dos tallas más pequeño de lo normal y odiaba la Navidad. Odiaba el ruido, los regalos y la alegría de los Quién.
—¡Debo evitar que llegue la Navidad! —pensó.
Se disfrazó de Papá Noel y, en nochebuena, bajó al pueblo. Entró en las casas y se llevó todos los regalos, los árboles, la comida y hasta los leños de las chimeneas. "Ahora estarán tristes", pensó triunfante.
Pero a la mañana siguiente, no escuchó llantos. Escuchó... ¡cantos! Los Quién estaban reunidos cantando, felices de estar juntos, aunque no tenían regalos. El Grinch comprendió entonces que la Navidad no venía de una tienda; significaba mucho más. Su corazón creció tres tallas ese día, devolvió los juguetes y celebró la fiesta con los Quién.
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