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Cómo duermen los niños con altas capacidades

 
Por Lorena García Vega. Actualizado: 12 febrero 2021
Cómo duermen los niños con altas capacidades

El sueño suele ser un tema que trae de cabeza a los padres, si el niño o la niña duerme bien no hay ningún problema, pero cuando empieza a presentar dificultades para conciliar el sueño y relajarse, puede llegar a convertirse en un verdadero problema, pues los padres no descansan, estando durante el día más cansados y con menos paciencia, y los niños, si no descansan lo que necesitan terminan manifestando cambios de humor, irritabilidad y bajo rendimiento escolar.

Hay una creencia bastante extendida que considera que los niños con altas capacidades intelectuales duermen menos porque no lo necesita. En este artículo de paraBebés, te contamos cómo duermen los niños con altas capacidades.

El sueño en niños con altas capacidades intelectuales

¿Cómo duermen los niños con altas capacidades? A pesar de que no es la dinámica habitual, sí es bastante frecuente que a los niños con altas capacidades intelectuales les cuesta conciliar el sueño o duerman poco tiempo.

Hay una creencia bastante extendida que dice que que los niños con altas capacidades necesitan dormir menos. Puede ser cierto que duermen un número inferior de horas en comparación a los niños de su misma edad. Sus siestas pueden ser de tan solo 15-20 minutos, pero no porque su necesidad de sueño sea inferior a la de los demás, sino porque en ese intervalo de tiempo son capaces de recuperar toda su energía.

Los niños con altas capacidades intelectuales poseen dos cualidades muy importante que les caracterizan: su sobreexcitabilidad y otra su hipersensibilidad. En este artículo encontrarás información sobre niños altamente sensibles: características y cómo tratarlos.

Tienen una especial sensibilidad para absorber una gran cantidad de estímulos del exterior y recoger mucha información a lo largo del día. Es por ese motivo que, llegada la noche, a pesar de estar cansados se muestran sobreesxcitados. Es entonces cuando presentan dificultades para relajarse y descansar aun teniendo la necesidad de dormir como el resto de las personas tras una larga jornada de actividad. Precisamente, es a través de las horas de sueño reparador cuando el cerebro favorece el buen desarrollo mental, emocional y mnemotécnico.

¿Qué ocurre cuando un niño no duerme las horas que necesita?

A pesar de considerar que los niños con altas capacidades intelectuales necesitan dormir menos, la realidad es que el descanso y la capacidad de dormir las horas necesarias ayudan al cerebro a reestructurar, analizar y ordenar la información obtenida durante todo el día.

Un niño o niña que no duerme las horas que necesita, pasará toda la jornada cansado/a, desmotivado/a, e irritado/a. Esto no solo repercute a nivel de rendimiento académico, sino que puede conllevar a otro tipo de consecuencias de carácter emocional. Puede llegar a tener más dificultad en autocontrolar sus impulsos, ser menos sociable, más callado, nervioso e incluso puede dar muestras de desaliento y tristeza.

¿Por qué un niño con altas capacidades duerme menos?

Si te preguntas por qué un niño con altas capacidades duerme menos, hay diferentes causas que se atribuyen a que los niños de altas capacidades cognitivas duerman menos o necesiten un tiempo de sueño inferior.

  • Está muy excitado: su nivel de sensibilidad para absorber la información que está a su alrededor es muy alto. Si tiene un exceso de actividad, ya que por regla general el adulto procura dar respuesta a las inquietudes del pequeño o la pequeña en cuanto a conocimiento. Normalmente lo hace a través de extraescolares o actividades complementarias. Si el niño o la niña llegará a la cama muy excitado, y aunque cansado, necesitará previamente analizar toda la nueva información y conocimiento que ha adquirido.
  • Su cerebro no descansa: sienten mucha necesidad de ampliar conocimiento, aunque sea tarde querrán hacer más preguntas, aprender más cosas, leer más cuentos, etc. El irse a la cama en ese estado de sobreestimulación y ausencia de sueño, pueden provocar el efecto contrario y hacer que el niño o la niña se ponga más nervioso.
  • No quiere renunciar a saber más: tienen una necesidad incansable de conocer más y aprender, quieren saber todo lo que ocurre y dormir les puede privar de ello, considerándolo incluso una pérdida de tiempo. Podrán luchar por mantenerse despiertos para no perderse nada de lo que ocurre a su alrededor.
  • Cambios de rutina sin preaviso ni tiempo de adaptación: los cambios bruscos no los toleran demasiado bien y necesitan un poco de tiempo para asimilar los cambios. Quizá haya que analizar si el niño o la niña ha sufrido algún cambio de rutinas que lo mantenga alterado al final del día.

¿Cuándo es necesario estar más atento al descanso del niño?

Independientemente a que el niño tenga altas capacidades intelectuales, lo cierto es que cada persona tenemos una necesidad de descanso y sueño, aunque se generalice en un número de horas.

Si el niño o la niña duerme poco o menos de lo que esté estipulado en términos generales, pero pasa el día con energía, buen humor, ganas de aprender, está contento, rinde en el colegio y se relaciona con el medio con total normalidad, no habría que preocuparse. En este caso, hay que aceptar que sus horas de sueño son inferiores a la media o a lo que el adulto considera que debería descansar.

Por el contrario, si el pequeño duerme poco, pero además durante el día se muestra cansado, débil, desanimado, con cambios de humor, desmotivado, esto repercutirá en su rendimiento académico y a nivel social. Cuando esto ocurra, es recomendable acudir al pediatra para que pueda valorar la situación específica del niño.

¿Qué hacer para que el niño duerma mejor?

Si el niño presenta necesidad de sueño, hay algunas pautas que se pueden llevar a cabo para facilitar el descanso.

  • Paciencia: en este caso para el adulto. Hay que comprender que a pesar del cansancio acumulado del adulto, el niño no tiene por qué tomar este hecho en consideración. Si realmente no está cansado o no quiere dormirse, que no lo haga cuando el adulto se lo pide.
  • Límites claros: sin que resulte muy estricto, sí se pueden establecer límites claros a la hora de irse a la cama, por ejemplo, establecer un horario, un número máximo de cuentos por leer y quizá añadir algún elemento como música relajante. Descubre los beneficios de la música en los niños.
  • Evitar excesos en la habitación: un dormitorio sobrecargado de juguetes, objetos y colores puede activar al niño a la hora de irse a la cama y sentir interés por jugar con algún juguete que ha visto o iniciar una actividad estando ya acostado.
  • Clima de relajación: a partir del momento de irse a dormir, hay que comenzar a crear un clima que invite a relajarse, de nada sirve pedirle al niño que se duerma, si la actitud del adulto es inquieta, con movimientos rápidos y bruscos o la voz algo fuerte. Es recomendable que el adulto se mueva más despacio, baje el tono de voz y vaya coordinando rítmicamente sus movimientos con sus palabras de tal forma que acompañe e invite a la relajación
  • Eliminar la siesta: la siesta puede repercutir en las horas de sueño de la noche, pudiendo probar a eliminarla, pero sustituyéndola por alguna actividad que el niño o la niña realice de forma autónoma y que sea tranquila e incite a la concentración. Por ejemplo, hacer puzzles o colorear.

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Bibliografía
  • T Gómez (2010). Altas Capacidades En Niños Y Niñas. NARCEA.

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