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¿Castigar a los niños es bueno o no?

 
Por Júlia Ortiz, Educadora infantil y editora. Actualizado: 12 noviembre 2019
¿Castigar a los niños es bueno o no?

Antiguamente, el castigo era la herramienta más empleada para sancionar una conducta o acción incorrecta por parte de un niño. Castigar a los niños encerrandolos o empleando cierta violencia era muy frecuente. Hoy en día, seguramente, serían acciones juzgadas.

Aunque el castigo aún es un método muy atractivo y fácil de emplear, en este artículo de paraBebés, ¿castigar a los niños es bueno?, te explico algunas razones por las que no hacerlo. Además, te ofrezco posibles consejos para utilizar en el día a día.

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Estilos educativos: permisivo, autoritario y democrático

Para entender si es bueno o no castigar, es interesante conocer los modelos educativos y cuáles son sus características. Hay 3 estilos o modelos educativos:

  1. Estilo permisivo: es un estilo en el que la familia no establece ningún tipo de límite, permite al niño una libertad total o descontrolada y, además, muchas veces se le consienten todo tipo de comportamientos. Los padres suelen ser muy cariñosos y confunden el brindar mucho amor con una total permisividad.
  2. Estilo autoritario: en el estilo autoritario, normalmente, se generan unas altas expectativas en el niño, además de exigir responsabilidades que puede que no sean adecuadas para su edad. Se emplean órdenes imperativas, castigos, gritos, amenazas y puede que violencia. Los padres que eligen el modelo autoritario suelen tener muy poca paciencia y no están dispuestos a negociar, además usan el chantaje emocional. Entienden la familia como una jerarquía en la que el niño es inferior al adulto y que debe obedecer sin rechistar.
  3. Estilo democrático: es el estilo que más respeta y atiende las necesidades del niño, además de favorecer una relación basada en la igualdad. Las familias que eligen un estilo democrático para educar a sus hijos suelen ser unos padres muy cariñosos que saben poner límites y normas adecuadamente. Son firmes, aunque también permiten flexibilidad. Además, ante los problemas, escuchan y trabajan en cooperación con los niños para solucionarlo. Si imponen restricciones o límites como forma de cuidado, los padres democráticos explican y justifican las razones.

Por qué no castigar a los niños

El castigo es un método para sancionar un mal comportamiento o una acción negativa realizada por parte del niño. Es muy frecuente que si un niño pega a otro niño, como consecuencia se le castigue, por ejemplo, sin jugar. ¿Realmente castigar soluciona los problemas?, te explico por qué no:

  1. Tiene una efectividad momentánea: el castigo tiene una efectividad momentánea y actúa con refuerzos negativos y positivos, no mediante la comunicación. El niño, con el castigo, puede aprender que la próxima vez deberá realizar la acción negativa sin que lo vea nadie. Explicando la consecuencia de los actos, en vez de castigarlo sin más, el niño puede entender porque no debe pegar. Le explicaremos que pegando hace daño, por ejemplo.
  2. No erradica con el problema de raíz: los niños no tienen un mal comportamiento porque sí, tampoco porque sean "malos", no hay niños malos. Detrás de un mal comportamiento o una acción negativa siempre hay un porqué. El niño que realiza constantes llamadas de atención puede que no reciba afecto en su casa y la niña que llora puede que, en su casa, no le den valor a sus sentimientos, ya que "son cosas de niños". Estos ejemplos pueden justificar niños que tienen un mal comportamiento.
  3. No funciona a largo plazo: si el niño es castigado constantemente pero no sabe por qué o qué es lo que ha hecho mal, no va a dejar de hacerlo. Los castigos perderán su eficacia y no funcionarán.
  4. No es educativo: mediante el castigo, el niño paga por lo que ha hecho, aunque no aprende nada. Debemos ser conscientes de que, como niños, deben tener la posibilidad de equivocarse y poder saber qué han hecho mal. Muchas veces, los castigos se imponen por actos que no tienen mucha importancia como , por ejemplo que griten. "Siéntate en el rincón de pensar y cuándo dejes de llorar hablaremos".
  5. Puede hacer efecto contrario: el niño, con los castigos, aprende a actuar mediante actos y consecuencias. Si a un niño se le castiga sin ver la tele porque no ha hecho la cama, aprenderá que siempre que haga su cama, podrá ver la tele y, eso, no siempre será así. La cama se hace porque así queda la habitación más ordenada, no porque se dé nada a cambio. Los hábitos se interiorizan mediante la imitación en casa y a través de la necesidad del orden, no se puede obligar ni enseñar un hábito.
  6. Es un método conductista: los castigos pretenden modificar una conducta sin prestar atención a las emociones que hay detrás. Puede que un niño siente rabia, esté enfadado, triste y con el castigo privemos de expresar estas emociones. Los adultos nos equivocamos y, seguramente, agradecemos que nuestra pareja se siente a hablar de cómo nos sentimos, con los niños sucede igual.

Cómo educar sin castigos

Cuándo un niño tiene una conducta o acción negativa tiene que entender que eso no está bien, aunque ¿es necesario castigar?, no. Como hemos comentado anteriormente, para evitar el castigo debe haber una reflexión por parte del adulto, cambiar la mirada hacia determinadas situaciones y reflexionar si esa conducta negativa ha surgido de un prejuicio o si realmente el niño ha hecho se ha portado mal. Te propongo algunos consejos:

  • Poner límites como forma de cuidado: los límites, escojamos el modelo que escojamos, tienen que estar presentes para evitar el caos y la excesiva permisividad. Marcar límites como forma de cuidado significa poner límites reales, por ejemplo: "no puedes cruzar la calle porque pasan coches", "es la hora de dormir, si no duermes, mañana estarás muy cansado para jugar".
  • Valorar la importancia real del conflicto: ¿realmente se está portando mal o le estamos imponiendo un límite como forma de represión? Ensuciarse, por ejemplo, es normal. Si un niño se ensucia y lo castigamos, ese castigo viene impuesto por nuestros prejuicios, el prejuicio de que ensuciarse está mal. Entender y valorar si realmente está mal lo que el niño está haciendo será esencial para no castigar.
  • Permitir la exteriorización de las emociones: como adultos que necesitamos exteriorizar nuestras emociones debemos permitir a los pequeños el derecho a cuestionarse aspectos de su vida, a enfadarse, a chillar, a no querer compartir, etc.
  • Utilizar las oraciones de forma positiva: en vez de verbalizar la acción que no queremos que haga el niño, transformar la frase en una acción positiva ayudará al niño para saber qué es lo que tiene que hacer. Por ejemplo: en vez de decir "no cojas a tu hermana que la vas a tirar", "veo que tienes ganas de coger a tu hermana, ¿quieres que te ayude?" o en vez de decir "te vas a caer", transformar la frase en "estás encima de un taburete, está alto".
  • Fomentar la autonomía del niño: ciertos conflictos pueden surgir de la necesidad del infante para ser autónomo. Vestirse solo, poder participar en la cocina, andar solo por una calle peatonal son tres de los ejemplos que, muchas veces, causan conflictos en la familia. Observar y dar respuesta a estas necesidades será esencial para evitar confrontaciones.
  • Evitar las prisas: la poca conciliación familiar, hoy en día, permite poca flexibilidad horaria y hace que impongamos prisas a todas horas. Levantarse antes, ir con tiempo u organizarse son tres aspectos que se pueden trabajar para evitar imponer prisas a los niños.
  • Adecuar las expectativas: las altas expectativas hacia los niños, muchas veces, provocan sentimientos de decepción. Un claro ejemplo es el de quitar el pañal. La sociedad impone que a los 3 años, un niño debe dejar el pañal y muchas familias así lo hacen. Si el niño no está preparado se va a hacer pis encima y, como consecuencia, esa familia puede pensar que el niño lo está haciendo mal. Entender los ritmos madurativos y adecuar las expectativas será esencial.
  • Atender las emociones: que el niño conozca y sepa identificar sus emociones será una buena herramienta para gestionar una determinada situación. Que tenga la posibilidad de preguntar, transmitir y hablar acerca de cómo se siente en cada momento es muy importante para canalizar las emociones.
  • Buscar soluciones en vez de culpables: en esta vida, por suerte, muchos de los problemas tienen solución. Si el niño está haciendo una rabieta porque quiere ayudar a hacer la cena, colocar una torre de aprendizaje o crear un rincón en la cocina adaptado puede ser una buena idea. Se trata de hacer la vida sencilla y no complicarse la vida.
  • Equilibrar flexibilidad y autoridad: los niños necesitan límites y horarios, aunque tampoco se trata de ser policías. La flexibilidad entre la autoridad y la permisividad será la clave para que la situación fluya. Si el niño está jugando y pide 5 minutos antes de ir a cenar, no pasará nada por permitírselo.

En este artículo, crianza respetuosa: qué es y cómo se practica, te ofrecemos más claves para no castigar.

¿Castigar a los niños es bueno o no? - Cómo educar sin castigos

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Bibliografía
  • Armando Bastida (2019) la crianza a partir de los 3 años. Criar con sentido común.
  • Carlos González (2016) PDF la edad del no... o ¿no?

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