Procede de la unión del prefijo causativo din y de or, "luz". Sería "que la luz...". Representa a aquella que depende de la luz, de la sabiduría y de la claridad. Es uno de los nombres postbíblicos que podemos encontrar en la Cábala. Su uso moderno ha sido extendido gracias a una ópera de Meyerbeer; "Dinorah", como ha sucedido con nombres como el de Aída.
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