El Método Estivill para dormir bebés

Método Estivill - Guía RápidaMétodo Estivill - Guía Rápida

En este artículo encontrarás completamente gratis el primer capítulo del libro Método Estivill, que te orienta a cómo poder hacer dormir a tu bebé o niño pequeño. Método probado científicamente y muy popular por su alto grado de eficacia.

A continuación un extracto del Primer Capítulo del Método Estivill:

ALGUNOS CONSEJOS PREVIOS

Antes de empezar, es importante que leáis atentamente las siguientes recomendaciones: 

1.Debéis estar muy convencidos antes de empezar a aplicar el método. Notad que he dicho debéis, y no debes. Es decir, la mamá, el papá y todos los que estén al cuidado del niño deben mentalizarse y coordinarse antes de comenzar. Esto es muy importante. Quienes apliquéis el tratamiento —papás, canguros, abuelos— debéis conocer las normas de principio a fin para seguir el mismo criterio ante cada una de las diferentes situaciones que el niño os planteará. Y tened por seguro que serán muchas y muy difíciles. Por eso todos debéis actuar de la misma manera, coordinadamente. Solo así evitaréis confundir al niño. Si esto no se cumple el fracaso es más que previsible. 

2.Es importante asegurarse de que el niño no padece ningún problema médico agudo en el momento de comenzar el tratamiento. Hay que descartar cualquier tipo de enfermedad (las más frecuentes son otitis, intolerancia a la leche, reflujo y ocasionalmente problemas psicológicos o psiquiátricos). El pediatra os orientará sobre este punto.

3.Cada niño es distinto y tiene, por suerte, una personalidad diferente. Es posible que a algunos les cueste aprender más que a otros. Hay niños con temperamento dócil, mientras que otros tienen una forma de ser más rígida. Los hay más tranquilos y algunos resultan muy movidos. Desde el mismo momento en que nace un niño, los padres vais observando todos esos rasgos de su personalidad. Y, sin duda alguna, son importantes, pero en ningún caso pueden utilizarse como excusa para justificar que el niño no duerma bien. Enseñar a dormir a un niño consiste, simplemente, en enseñarle a realizar un hábito. A dormir se aprende, lo mismo que a comer, a leer o a ir al baño. Por supuesto que hay niños nerviosos, que apenas si pueden estarse quietos y a los que cuesta imaginar sentaditos leyendo un cuento, pero también ellos aprenden a leer y lo hacen tan bien como los más tranquilos. Todos lo consiguen, antes o después. Así que no utilizaremos la excusa de que el niño es muy movido. Seguro que si vosotros le enseñáis a dormir correctamente, él aprenderá a hacerlo. 

4.Tal como apuntábamos, depende de vosotros que el niño duerma bien. Vosotros sois los maestros, los únicos que vais a enseñar a dormir a vuestro hijo. Él no puede aprender solo. Os necesita para que le enseñéis. Y tenéis que ser los mejores maestros. Para ayudaros a conseguirlo, el Método Estivill os ofrece las herramientas necesarias: en primer lugar os explica en qué consiste el hábito de sueño y a continuación el modo en que debéis enseñar este hábito a vuestro hijo. No es difícil imaginar cómo os podéis sentir en este momento con un hijo que no duerme. La sensación de impotencia es terrible, os parece que sois los peores padres del mundo, los más desgraciados, los que peor hacen las cosas y los que nunca jamás lograrán volver a dormir ocho horas seguidas. Nada de ello es cierto. Sois los mejores padres del mundo, lo único que ocurre es que debéis poner un poco de orden en la forma en que enseñáis a dormir a vuestros hijos. No hay motivo para que os sintáis culpables. En absoluto. Como mucho, estáis haciendo cosas que no sirven para enseñar a dormir a vuestro hijo. Las hacéis con la mejor intención del mundo, pero resultan totalmente inútiles y, en ocasiones, incluso contraproducentes. Pero sucede que nadie os ha explicado jamás cómo aprende a dormir un niño, así que no sois culpables de nada. Solo lo seréis si después de leer este método no lo aplicáis correctamente. Estos reproches de que «los papás jóvenes o primerizos no atienden bien a sus hijos» son totalmente inciertos. Lo único que hace falta es que alguien les oriente e informe sobre cómo deben enseñar a dormir a sus hijos.

a.Si vuestro hijo no duerme bien, no es por culpa vuestra. 

b.Simplemente nadie os ha explicado cómo debe hacerse. 

c.Responsables solo lo seréis después de conocer el método y no aplicarlo debidamente. 

5.Después de tantas noches de insomnio colectivo, debéis sentiros agotados, irritables y bastante nerviosos. Pero vosotros no sois los únicos en sufrir las consecuencias del mal dormir. Vuestro hijo también las padece. El sueño es un período muy importante en nuestra vida, imprescindible para tener una buena jornada. Por esto los niños que duermen mal sufren alteraciones durante el día: están más irritables y malhumorados, dependen más de sus cuidadores que los niños sin este tipo de problemas, y lloran por nada. Muchos padres, después de aplicar el método y conseguir que el niño duerma bien, dicen: «Incluso ha cambiado de carácter. Está más tranquilo, juega solito algunos ratos, está de buen humor e incluso es más simpático». Sin embargo, esto no es cierto. El niño era simpático «de nacimiento»; lo único que ocurría es que la falta de sueño alteraba su estado de ánimo y le volvía huraño e irascible.

 

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE QUE NUESTRO HIJO DUERMA BIEN?

Por una sencilla razón: porque nadie puede vivir sin dormir, incluidos peces y murciélagos. Durante el sueño el organismo fabrica todo lo que gastará al día siguiente. Y si un niño no descansa lo suficiente se sentirá irritado, nervioso, cansado y somnoliento. Existe otra razón igual de sencilla: vuestra salud mental —y sentimental—acabará resintiéndose como paséis muchas más noches sin poder descansar y arrastrándoos como zombis por el trabajo. 

CONSECUENCIAS DE NO DORMIR BIEN

En lactantes y niños pequeños

-Irritabilidad, mal humor

-Llanto frecuente

-Dependencia de sus cuidadores; no saben estar solos

En niños en edad escolar

-Fracaso escolar

-Inseguridad y timidez

-Mal carácter

En los padres

-Cansancio

-Inseguridad

-Sentimientos de culpa

-Acusaciones mutuas en la pareja

-Cambios radicales en la vida de pareja

-Frustración ante la situación

-Sensación de fracaso e impotencia

-Reacciones agresivas

 

¿POR QUÉ AÚN NO DUERME BIEN?

Antes de explicar que el dormir bien es un hábito que se aprende y que, por tanto, podéis enseñar a vuestro hijo a hacerlo correctamente, vamos a ver en qué consiste el sueño, cuál es su fisiología. Para empezar, definiremos qué es y cuánto dura un ritmo biológico. 

Ritmos biológicos

Un ritmo biológico es la repetición sistemática de un tipo de actividad que realiza nuestro organismo (por ejemplo: dormir-estar despierto; dormir-estar despierto): En los recién nacidos: Cuando nace, un bebé tiene un ritmo biológico que oscila entre las 3 y las 4 horas. Es decir, un recién nacido tiene una ritmicidad que consiste en que cada 3 o 4 horas realiza una serie 

Mi hijo no duerme bien de actividades —se despierta, le lavan, come y duerme— que conforman un ciclo. Una vez se completa dicho ciclo, comienza otro idéntico —vuelve a despertarse, otra vez le lavan, come y duerme—. Este tipo de ciclo se llama «ultradiano». En los adultos: El ritmo biológico de un adulto es circadiano («cerca de un día»). Es decir, cada 24 horas repetimos y alternamos los patrones de vigilia y sueño.

 

¿Cuándo cambia el ritmo biológico?

A partir del tercer o cuarto mes de vida, los niños empiezan a alargar progresivamente su ritmo biológico. Para pasar de las 3-4 horas del ciclo ultradiano a las 24 horas propias de los adultos, los bebés empiezan por alargar el primer sueño de la noche consiguiendo dormir seis horas seguidas; lo cual es un regalo para los padres. Al cumplir los seis meses, ese sueño nocturno debería alcanzar ya las doce horas de un tirón. A ese descanso habría que añadirle dos o tres pequeñas siestas durante el día (una después del desayuno —de 9 a 10 h—, otra después de la comida del mediodía —entre las 12 o 13 h y las 15 o 16 h— y una última, optativa y más pequeñita, tras la merienda. 


¿Cómo se produce el cambio?

El cambio se produce gracias a un grupo de células del cerebro humano que funcionan como un reloj. El objetivo de este «reloj» es lograr que todas las necesidades de la persona se adapten al ritmo biológico de 24 horas, es decir, al ritmo solar. 

Pero este reloj necesita que le «den cuerda». El 70 % de los recién nacidos consiguen «ponerlo en marcha» con unas escasas rutinas, unos cuantos y sencillos estímulos (coger al niño, ponerle en su cuna, decirle buenas noches, mecerle un poquito o cantarle una canción). Estos niños a los seis meses ya duermen perfectamente bien y sus padres se congratulan diciendo: «Me ha tocado un niño que duerme bien». Sin embargo, no se trata de un sorteo. Los niños que conforman el 30 % restante pueden dormir tan bien como los del primer grupo. Sencillamente, necesitan algo más de «cuerda». En absoluto tienen un problema psicológico ni médico, sino una alteración de su ritmo de vigilia-sueño. Su reloj es un poco anárquico. Este pequeño trastorno es muy fácil de solucionar, pero deberemos hacerlo cuanto antes, porque cuanto más crece el niño más difícil es corregirlo. 


¿Cómo se le «da cuerda» al reloj?

Podemos poner en marcha el reloj del bebé mediante los siguientes estímulo externos:

1.Reforzando el contraste entre: 

a.luz (de día) y oscuridad (de noche) 

b.ruido (de día) y silencio (de noche)

En este sentido, potenciaremos la idea de que la luz y el ruido son propios del día y de la vigilia, mientras que la oscuridad y el silencio quedarán asociados a la noche y al sueño. Por eso, durante el día no crearemos ambientes artificiales y mientras el niño duerma la siesta no andaremos de puntillas por la casa ni bajaremos todas las persianas. Al contrario, nos comportaremos con normalidad.

2.Ayudándonos de las comidas, que anuncian la actividad que les sigue: el dormir (ya sea la siesta o el gran sueño de la noche). 

3.Enseñándole el hábito del sueño. En otras palabras, mostrándole el modo de que aprenda a conciliar el sueño por sí mismo, sin que nadie le ayude. 

 

CARACTERÍSTICAS CLÍNICAS DEL INSOMNIO INFANTIL (POR HÁBITOS INCORRECTOS)

Si el niño no logra cambiar su ritmo biológico y no aprende a dormir correctamente sufrirá lo que clínicamente se llama «insomnio infantil » o insomnio por hábitos incorrectos. Las características de este trastorno son: 

-Dificultad para iniciar el sueño solo. 

-Múltiples despertares nocturnos. 

-Sueño superficial (se desvela ante cualquier ruido).

-Duerme menos horas de las habituales para su edad.

Si vuestro hijo sufre este tipo de trastorno no debéis alarmaros, porque se trata de un niño totalmente normal desde el punto de vista psíquico y físico. Únicamente no ha aprendido bien a dormir y estáis a punto de solucionar ese problema. 

 

RESUMEN MI HIJO NO DUERME BIEN:

LA FISIOLOGÍA DEL SUEÑO Y EL RELOJ BIOLÓGICO

-Los recién nacidos tienen un ritmo biológico ultradiano que dura entre 3 y 4 horas. Durante este período se despiertan, los lavan, comen y duermen, y a continuación repiten el proceso. 

-Hacia los seis meses los bebés se adaptan a un ritmo circadiano, idéntico al de los adultos. Es decir, la repetición sistemática de actividades debería cambiar cada 24 horas. Así, al llegar la noche deberían dormir de un tirón entre 11 y 12 horas (además de las posibles siestas).

-El 70 % de los niños cambia de ciclo sin dificultad gracias a un grupo de células del cerebro humano que funcionan como un «reloj». 

-El resto de los niños necesita pequeños estímulos que les ayuden a «dar cuerda» al reloj. Los principales son: 

Reforzar el contraste entre:

- Luz (de día) y oscuridad (de noche)

- Ruido (de día) y silencio (de noche)

-Ayudarse de las comidas para anunciar la hora de dormir.

-ENSEÑAR EL HÁBITO DEL SUEÑO. Es decir, mostrar al niño cómo puede conciliar el sueño por sí mismo.

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Publicado hace 3 años en Sueño del bebé: Dr. Estivill.

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