¿Cuando es conveniente acudir a un psicologo infantil?
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¿Cuándo es conveniente acudir a un psicólogo infantil?

Signos y señales para saber si acudir al psicólogo infantil

Muchas personas aún piensan que solo es necesario acudir al psicólogo cuando existe algún trastorno. Sin embargo, el psicólogo también puede orientar a los padres en la educación infantil, cuando tienen dudas o no saben cómo gestionar determinados comportamientos de sus hijos. Por tanto, la regla general es muy sencilla: hay que buscar ayuda cuando aparece alguna preocupación sobre si lo que le ocurre al niño es normal o si se trata simplemente de una fase de su desarrollo.

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¿Cuándo es conveniente acudir a un psicólogo infantil?

Algunos signos que indican un posible problema

Existen determinadas señales que pueden indicarte que tu hijo necesita ayuda especializada, entre ellas se encuentran:

-        Retraso en la adquisición de determinadas habilidades que los niños de su edad ya dominan, como aprender a caminar, controlar los esfínteres o hablar.

-        Problemas de conducta, como muestras frecuentes de enfado y agresividad, rabietas intensas y desobediencia sistemática.

-        Cambios bruscos en el estado de ánimo sin razón aparente, acompañada de una marcada irritabilidad y nerviosismo.

-        Episodios frecuentes de llanto y tristeza.

-        Problemas del sueño, ya se trate de insomnio, pesadillas, sonambulismo o una somnolencia excesiva durante el día.

-        Conducta excesivamente tímida y retraída.

-        Dificultades para establecer relaciones con los demás.

-        Bajo rendimiento escolar y/o problemas de aprendizaje.

-        Pérdida del interés por aquellas actividades que antes solía disfrutar.

-        Hiperactividad, falta de atención e impulsividad.

-        Miedos que se vuelven cada vez más difíciles de controlar.

-        Síntomas somáticos, como dolor de cabeza frecuente, náuseas, tics y problemas gastrointestinales ya que en muchos casos estos son una expresión encubierta de algún problema psicológico de base, como puede ser el abuso o las preocupaciones.

-        Conductas regresivas, lo cual significa que el niño ha perdido habilidades ya adquiridas, regresando a una etapa anterior de su desarrollo.

-        Problemas del pensamiento, como la presencia de ideas molestas y difíciles de controlar, así como pensamientos extraños acompañados de rituales que sirven para aliviar la ansiedad pero que no son normales ni adecuados a las circunstancias.

Tres detalles adicionales a considerar antes de ir al psicólogo

  1. Frecuencia. Es importante que los padres no se alarmen innecesariamente. Un niño pequeño que moje la cama de vez en cuando, que tenga una rabieta al mes o que no quiera dormir solo después de haber visto una película que le ha impactado no es motivo de preocupación. Sin embargo, si moja la cama varias veces a la semana, si las rabietas son frecuentes e inapropiadas para su edad y el miedo a la oscuridad es persistente, entonces es probable que exista un problema de base que debe ser solucionado.
     
  2. Duración. La duración también es un factor a considerar. Por ejemplo, si un niño tiene una rabieta pero a los cinco minutos se le pasa y se concentra sin dificultades en otra actividad, es señal de que está aprendiendo a gestionar sus emociones. Al contrario, si las rabietas son prolongadas, pueden ser motivo de consulta. Lo mismo ocurre con la timidez. Es normal que ante los desconocidos algunos niños reaccionen con timidez pero a medida que va pasando el tiempo se van sintiendo más cómodos y relajados. Si el niño mantiene esa conducta retraída, entonces puede tener un problema.
     
  3. Intensidad. Un aspecto fundamental para determinar la existencia de un problema psicológico es la intensidad de las reacciones. Los niños aún no han desarrollado completamente los lóbulos frontales, que son fundamentales para ejercer el autocontrol, por lo que es normal que en un primer momento reaccionen con cierta intensidad pero poco a poco irán aprendiendo a gestionar mejor sus respuestas. Al contrario, si la agresividad, el miedo, la ansiedad o la tristeza no mejoran sino que se intensifican, es probable que exista un problema.
Publicado en Salud infantil.

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